San José de Cupertino

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San José de Cupertino, en el antiguo reino de Nápoles, es un ejemplo de ello. Su padre era un humilde carpintero, que ha contraído deudas muy pesadas y estaba en circunstancias muy difíciles en el momento en que nació José. Su madre era muy estricta con él. Decía más tarde en su vida que hizo su noviciado cuando aún era un niño.

Sin embargo, San José hizo penitencias adicionales y parecía que se le había dado un cuerpo sólo con el propósito de mortificarlo. Ya de niño vivió en estrecha unión con Dios, de modo que vivió en el cielo antes que en la tierra.

Con el tiempo fue enviado a aprender un oficio, pero pronto se dio cuenta de que esa no era su vocación. Eventualmente fue investido con el hábito franciscano entre los capuchinos, pero pronto fue despedido debido a su torpeza. El resultado fue que sus propios parientes lo convirtieron en una criatura inútil y en una vergüenza para su familia.

Finalmente, los Conventuales se apiadaron del joven que tan humildemente suplicó su admisión y lo emplearon para cuidar de la mula del convento. En este servicio humilde sus virtudes, especialmente su humildad, obediencia y piedad, resplandecían con tal brillantez que sus superiores lo recibieron entre los clérigos, y al cabo de tres años fue ordenado sacerdote.

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Como era el conocimiento de San José de Cupertino

El conocimiento natural de San José de Cupertino era de poca importancia, pues sus esfuerzos por aprender mediante el estudio nunca tuvieron éxito. Sin embargo, pronto se percibió que él poseía mucho conocimiento infundido, de modo que incluso los grandes teólogos se maravillaron de ello. Su vida fue una vida de unión ininterrumpida con Dios. Todo en la naturaleza lo elevó al cielo y a lo sobrenatural.

Elevaciones de San José de Cupertino

No sólo su espíritu, sino también su cuerpo, fue levantado tan frecuentemente sobre la tierra en éxtasis santo y permaneció en esa posición por tanto tiempo, que su biógrafo declaró que pasó más de la mitad de su vida religiosa sobre la tierra. A veces volaba a los objetos de su devoción en el vuelo más rápido.

En una elevación cerca del convento se habían erigido tres cruces. Repetidamente, cuando los miraba, se levantaba en el aire con un grito y volaba a la cruz en el centro, abrazándola y permaneciendo en esa posición hasta el final del éxtasis. En otra ocasión, cuando visitó la Basílica de San Francisco, vio un cuadro de la Madre de Dios en lo alto de la bóveda de la iglesia; al instante su cuerpo se elevó en el aire y besó la imagen con tierna devoción.

En la Santa Misa, San José de Cupertino solía ser levantado en el aire y permanecía allí balanceándose sobre el altar durante horas. Por eso, solía celebrar la misa en la capilla del convento más que en la iglesia.

La impresión que estos éxtasis causaron a los testigos puede deducirse de la historia del duque Juan Federico de Brunswick. En 1649 asistió una vez a la Misa ofrecida por el Padre José. Quedó tan impresionado por el éxtasis que estaba convencido de la verdad de la fe católica y dos años más tarde hizo su profesión de fe ante el mismo Padre José.

Qué sucedió con San José de Cupertino y las ovejas

San José de Cupertino trató de honrar a la Madre de Dios con la frecuente recitación de las alabanzas contenidas en las letanías de Loreto. Una vez, cuando los pastores con los que rezaba las letanías cada sábado en una capilla cerca del monasterio de Grottella, se vieron impedidos de venir, llamó en voz alta a las ovejas que podía ver de lejos: "Venid aquí, para venerar a la madre de vuestro Dios y de mi Dios".

como murio san jose de cupertinoA estas palabras las ovejas, que estaban tan lejos de José que su voz no podía alcanzarlas, corrieron hacia la capilla, sin tener en cuenta los gritos de los pastores, y cuando llegaron a la capilla, el santo comenzó alegremente las letanías. Los animales respondían a su manera a cada alabanza que pronunciaba, de modo que, por ejemplo, cuando decía "Santa María", todos gritaban: "¡Baaa! Al recibir la bendición del santo, regresaron a sus pastos.

Debido a que estas visiones eran tan extraordinarias, la virtud del Padre José también fue puesta a prueba. Dios mismo permitió que José fuera severamente tentado por el diablo. Además, durante años sufrió de sequedad de corazón, por lo que se sintió completamente abandonado por Dios. Pero todas estas pruebas no pudieron amargar su corazón; lo puso dentro de la herida del costado de nuestro Salvador y conservó la paz mental. No tenía otro deseo que hacer la voluntad de Dios.

Como murió San José de Cupertino

Después de haber resistido la prueba de muchas tormentas, San José de Cupertino fue recompensado de nuevo con el consuelo celestial. Deseando estar con Cristo, murió en el convento de Osimo el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años.

Los superiores de San José decidieron embalsamar su cuerpo. Los superiores descubrieron con sorpresa que el tejido alrededor del corazón parecía encogerse, habiéndose alejado del corazón. El corazón mismo estaba seco y arrugado, y no contenía sangre. La explicación fue que muchas veces en su vida San José le había rogado a Cristo que tomara su corazón y lo quemará, y esto ahora era una prueba de su ardiente amor por Cristo.

Canonización y día festivo de San José de Cupertino

Es considerado como el patrono de los viajeros, los aviadores, los discapacitados mentales  y de los estudiantes. Su festividad se celebra el 18 de septiembre.  Fue beatificado el 24 de febrero de 1753, siendo papa Benedicto XIV. El 16 de julio de 1767 es canonizado por el papa Clemente XIII.

Milagros que se le acreditan a San José de Cupertino

Milagros que se conocieron en vida:

  • Volaba por el aire
  • Podía estar en dos lugares a la vez.
  • Curaba a los enfermos con la señal de la cruz.
  • Se comunicaba con los animales.
  • Predijo quién sería el próximo papa.

Después de muerto:

Son numerosos los milagros que han ocurrido en su tumba, y el Papa Clemente XIII lo canonizó en 1753. Debido a sus milagrosos vuelos por el aire, San José de Cupertino es ahora honrado como patrono de los que viajan en avión.

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